En un juego la respuesta es incómoda. Lo que nadie mira, muchas veces ni se calcula: el mundo se arma delante del que juega, y detrás no hay nada.
Hace tiempo que nos hacemos la misma pregunta con algo que no es un juego.
Tener reportes que nadie usa, ¿es tener BI?
Pasa más de lo que se cuenta. Se pide un tablero, se construye, se entrega, se presenta. A los tres meses lo abren dos personas, y una es la que lo pidió.
Y casi nunca es que esté mal. Es que contesta una pregunta que ya nadie se hace. O que la contesta con palabras que no son las de ellos. O que llegar a la respuesta cuesta cuatro clics más de los que alguien tiene ganas de hacer un martes por la mañana.
Kimball lo dejó escrito: la medida más crítica del éxito de un proyecto de datos no es técnica, es la aceptación del negocio. Un proyecto que el negocio no adopta es un ejercicio inútil, por impecable que sea por dentro.
Dicho así suena obvio. Pero cambia qué se mide. Si el éxito es la aceptación, el tablero que nadie abre no es un proyecto exitoso con un problema de adopción: es un proyecto que no funcionó.
De los reportes que hay dando vueltas en tu empresa, ¿cuántos pasarían esa prueba?